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PANAMÁ-LA HABANA
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Garage 33:08

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Siempre es un riesgo escoger. En este caso, sin embargo, el riesgo se vistió de placer. He sentido la plenitud de quien se arriesga y termina saliendo a flote. Al cabo he sido mi propia víctima; algo así como un hombre que se inmola en soledad dejando un testimonio: tres artistas y sus obras. No hay otra evidencia, además de esta.

Como casi siempre hubo una idea suicida, y en cambio germinal. Maikel, fiel a una envidiable espontaneidad que dilata todavía más su talento artístico, no puso objeciones. ¿Cuándo y quiénes intervenimos?, fueron sus exactas palabras. Entonces, vino el riesgo…

La suerte hizo lo suyo y con un par de llamadas y visitas ya tenía un team aceptable –al menos para mí lo es. La cosa fluyó mejor de lo que esperaba. Descubrí que mis contemporáneos, aunque no hagan lo mismo coinciden en muchos puntos.

Quedaba a mi disposición la obra pictórica de tres jóvenes con una extraordinaria energía creativa. Sus nombres: Maikel Sotomayor (1989), Lancelot Alonso (1986) y Richard Somonte (1991). Nuevamente, la pintura envolviéndolo todo, como centro y asidero.

Pero también podía escoger entre decir o no decir algo. Y lo hice. Después de todo, ¿hacía falta llenar estas paredes con más discurso? ¿Es necesaria la tediosa rutina, tan cara al burocratismo oficial, de urdir un pretexto coherente, conceptualmente válido? Si algo queda por decir detrás de estos cuadros, es los deseos de socializar que asisten a esta triada de artistas. Así, un poco hartos del prurito institucional, se reúnen a festejar sus piezas como en los mejores y más desfachatados “motivitos” en los años de San Alejandro.

El público podrá constatar que en medio de la uniforme bidimensionalidad –contrastante en sus matices formales– sobrevive la producción irreductible de una generación actuante: camaleónica, híbrida y esotérica. Tomarle el pulso a la pintura de algunos jóvenes –con mayor o menor recorrido y prestigio– puede ofrecernos una idea tentativa de los valores que alcanza un soporte susceptible, como ningún otro, de ser llevado y traído por la moda artística. Sin embargo, jamás sería suficiente para sostener la declaración de un estado de cosas, ni un discurso meridiano.

Si bien estos jóvenes son lo que hacen, y lo que hacen, a su vez, regula el ritmo cardíaco de su tiempo, no busco asentar aquí ningún criterio trascendente, definitorio. Antes bien, me interesa ahondar en la narrativa pictórica per se, en la medida en que estos cuadros degeneran la posibilidad de un contexto estable, racional, con sus variaciones formalistas. Eso, además de compartir unas copas, intercambiar con soltura y sumarme(nos) a la oleada trending que contamina la ciudad con tantos espacios alternativos.

Una clave: ninguno de los escogidos fue aceptado en su momento entre los muros del ISA. Sin embargo, no me place, por fortuita, la idea de cultivar una suerte de “Salón de los Rechazados”, en un espacio que no tiene nada de “Salón” ni mucho menos agrupa a “Rechazados” –en caso de dudas, consultar el dossier de cada artista.

Garage 33:08 lanza su piloto y queda a la espera de reacciones. He aquí el gran riesgo…